MAGALLANES – ELCANO

 

 

La primera escala de la expedición Magallanes-Elcano, es un ensayo histórico de la primera circunnavegación del globo que aborda aspectos náuticos poco conocidos. Algunos inéditos, otros sorprendentes, muchos ocultos en la cartografía, en los instrumentos, en los derroteros y almanaques. Pero de algún modo relacionados con la primera escala de la expedición en Tenerife. Isla mencionada por Rui Falero como origen de longitudes, hecho que, lejos de ser irrelevante, abre una puerta insospechada a los secretos de la navegación, de la longitud y de la cartografía en la primera circunnavegación.

No solo fue el cosmógrafo y socio de Magallanes el que consideró meridiano cero, o milla cero, el de la isla canaria en su Regimiento de Longitudes, para un procedimiento basado en la desviación magnética de las agujas. Lo que exigía cebarlas y compensarlas en ese mismo lugar antes de partir. También Francisco de Albo, piloto de Juan Sebastián de Elcano, anota la longitud del cabo de las Vírgenes, en la entrada del estrecho de Magallanes, con relación al meridiano de Tenerife con sorprendente exactitud. Y que, además, continúa calculando las sucesivas longitudes hasta llegar a Timor desde ese mismo meridiano, aunque reducidas posteriormente a la Línea de Demarcación acordada en el Tratado de Tordesillas.

El mismo Pigafetta hace igualmente referencia a un «primer meridiano» situado treinta grados al este de la Línea de Demarcación, que no puede ser otro que el de Tenerife.

Esta «milla cero» de la primera circunnavegación del globo, vendría a ser algo parecido al «kilómetro cero» de las carreteras españolas que se encuentra en la Puerta del Sol en Madrid. Y se ubicaría en el espaldón del muelle Sur de Santa Cruz de Tenerife, donde existe una placa conmemorativa del V Centenario del fondeo de las naos de Magallanes y Elcano. Donde siguiendo el procedimiento descrito por Rui Falero debieron compensar sus agujas antes de aventurarse a tan largo viaje.

En estas páginas se reconstruyen las derrotas de las naos desde ese meridiano de origen, atendiendo a las fuentes y testimonios que se conservan. Después de analizar el nivel de la ciencia española previo a la circunnavegación. Igual que las hipótesis con que trabajaban los astrónomos, los instrumentos, los métodos, los vientos y corrientes, el manejo de las naos y muy especialmente la cartografía, entre otras disciplinas. Una suerte de conocimientos científicos que los pilotos debían llevar a la práctica y tomar en consecuencia las decisiones definitivas que culminaron con la primera circunnavegación del globo.

Previamente se trata la localización de las escalas de la armada del Maluco en Tenerife. Los recursos y organización de la isla para abastecer a las naos. Así como el antecedente de la escala de la armada de Juan Díaz de Solís en 1515 también con la misión de encontrar la ruta a la especiería. Contrastando las fuentes históricas con las ciencias náuticas y las prácticas marineras de las embarcaciones de entonces.

Se abunda en la historiografía de la expedición, además de en los relatos de Pigafetta. Igual que se esboza una apreciación de la talla de este personaje desde el punto de vista de los que viajaban con él. Sin olvidar las consecuencias de la divulgación de los secretos de la Casa de Contratación en su contexto histórico.

Al final del libro se incluyen como apéndices: una transcripción e interpretación náutica del Regimiento de Longitudes de Rui Falero y un breve relato de un viaje en el buque escuela Juan Sebastián de Elcano en 1981, al mando de Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto que siguió la misma derrota que Magallanes hasta el Pacífico.

 

www.rutaelcano.com

LA ESCALA DE MAGALLANES EN TENERIFE. AVISO A LOS NO NAVEGANTES

MAGALLANES Y DÍAZ DE SOLÍS EN TENERIFE. VÉRITAS LIBERABIT VOS

LA NAVEGACION EN TENERIFE S. XVI

 

HACE QUINIENTOS AÑOS

De Santa Cruz a Santa Cruz.

 

Hace quinientos años las naos Trinidad, San Antonio, Concepción y Victoria, capitaneadas por Magallanes, permanecían fondeadas desde el 26 de agosto de aquel año de 1520 en el río Santa Cruz, en la Patagonia argentina a 50 grados de latitud sur. La nao Santiago había naufragado tres meses antes explorando su desembocadura a finales de mayo, a solo dos días de navegación de la bahía de San Julián, donde la armada había pasado la mayor parte del invierno austral que se extiende desde el 21 de julio hasta el 22 de septiembre. Todos los tripulantes de la Santiago habían salvado la vida, además de muchos de los enseres y útiles de abordo junto con un reconocimiento exhaustivo del fondeadero donde ahora estaba anclada la flota. Aún aguardarían hasta mediados de octubre en el río Santa Cruz la llegada de la primavera austral.

 

Bahía de San Julián, río Santa Cruz y cabo de las Vírgenes junto al estrecho de Magallanes. Detalle de la carta de Diego Ramírez de Arellano 1620.

De los 247 tripulantes, tres habían muerto por ahogamiento al caer al agua, cuatro por enfermedad, tres por accidente, dos por ataque de los indios y seis ajusticiados o abandonados por orden de Magallanes.

Hace quinientos años, en aquel río que el almirante bautizó con el mismo nombre que el principal puerto de Tenerife, no sabían que se encontraban a tan solo otro par de días de navegación del cabo de las Vírgenes; la entrada al estrecho de Magallanes. Que según el único testimonio de la Breve et ristretta narratione, fue avistada por primera vez desde la nao Victoria, cuyos tripulantes lo bautizaron con el efímero nombre de Estrecho de la Victoria.

Un cabo, el de las Vírgenes. Que Francisco de Albo, uno de los dieciocho primeros circunnavegantes y piloto de Juan Sebastián de Elcano, en su Derrotero del viaje de Magallanes desde el cabo de San Agustín, en el Brasil, hasta el regreso a España de la nao Victoria, situaría en 52 grados de latitud sur y 52,5 grados de longitud.

La latitud sabemos que se mide desde el ecuador, de cero a noventa grados, sobre nuestro meridiano hasta el lugar en el que nos encontramos. Y la longitud se mide sobre el ecuador desde nuestro meridiano a un meridiano de referencia que actualmente se ha acordado que sea el que pasa por Greenwich. Pero esos 52,5 grados de longitud que anota Albo el día 21 de octubre de 1520. ¿Desde qué meridiano de referencia los estaba midiendo?

Debía ser un meridiano que se encontrara a levante, por zona ya navegada y bien conocida. Un meridiano por el que el Sol pasara tres horas y media antes que por el cabo de las Vírgenes, si en lugar de en grados sobre el ecuador medimos la longitud apuntada por Albo en el tiempo que tarda el Sol en recorrer ese mismo arco.

La solución está al alcance de cualquiera, buscando en la red o en una carta náutica qué es lo que hay 52,5 grados a levante del cabo de las Vírgenes. En seguida encontraremos el meridiano de Tenerife, con un pequeño error de medio grado, apenas treinta millas náuticas. Parecido error al que cometería Albo al anotar la longitud de Suluan, una de las primeras de las islas filipinas a las que llegaron después de cruzar el Pacífico. También con relación al mismo meridiano de Tenerife. El verdadero meridiano de referencia, aunque en esta y sucesivas anotaciones Francisco de Albo reconvirtiera las longitudes, luego de calcularlas, al etéreo y político meridiano de Tordesillas.

El meridiano de referencia, el de Tenerife, con el que ya trabajaban en secreto los astrónomos y pilotos de Magallanes cuando preparaban la expedición en la «Casa de Contratación de Sevilla, para las Indias, las Islas Canarias, y el África Atlántica». El mismo que Rui Falero, su astrónomo de cabecera, se atrevió a anotar en el Regimiento de Longitudes de la expedición para el método de las desviaciones magnéticas. El único meridiano de referencia que se cita en ese valioso documento, junto con el de Sevilla en el método de las latitudes lunares. Para cuyo uso era preciso una recalada en la isla, premeditada y preparada a conciencia, para la que mucho antes de la partida ya se presupuestaban 15.000 maravedíes en gastos de despensa.

al lugar de donde partes te sabras que la aguja todo lo que te nordestee o noruesteado que aquello estas apartado de las islas afortunadas que es de Tenerife y hacia levante y hacia el poniente y esta es otra utilidad como ya todo esto con los pilotos tengo platicado…

 

Detalle del Regimiento de Longitudes de Rui Falero mencionando a Tenerife como origen de longitudes.

El interés de las Islas Canarias para la Casa de Contratación nació con esa misma institución, que en 1503 les dedicaba uno de los artículos de sus ordenanzas constitucionales:

Otrosí: mandamos á los dichos Oficiales de la dicha Casa que con mucha astucia é diligencia procuren de saber é sepan de todas las cosas que hay en las dichas Islas de Canaria, de que se pueda facer provecho y para que se pueda contratar, para que sabido den Orden que las dichas cosas se aprovechen y contraten en estos nuestros Reinos, y de qué manera se deben negociar los azúcares é otras cosas que en ellas hubiere y qué derechos será bien que se ordenen de poner en las dichas islas para que nuestras rentas puedan ser acrecentadas sin mucho daño de la población de las dichas islas, y para que de todo nos avisen; et mandemos que en la forma del comprar las dichas mercaderí­as é mantenimientos, é cargar é llevar á las dichas islas y en lo que dellas se trajiere á la dicha Casa, se tenga é guarde la misma forma é orden que por estas nuestras ordenanzas mandamos que se tenga é guarde en las otras contrataciones de suso declaradas, é que lo uno é lo otro venga á la dicha Casa para que de todo ello se provea lo que por estas nuestras ordenanzas mandamos facer.

Ampolleta.

La importancia de Canarias crece en consecuencia. Igual que la de la isla de Tenerife y la villa de Santa Cruz, su principal puerto en 1519, harto mencionado en las actas del Cabildo tinerfeño. Que en seguida pasan a ocupar un lugar relevante para la Casa de Contratación, por cumplir sobradamente los requisitos de aquel artículo de sus ordenanzas constitucionales. Lo suficiente como para ser elegida Santa Cruz en 1515, último puerto de la expedición de Juan Díaz de Solís, Piloto Mayor de la Casa de Contratación, antes de engolfarse en mares desconocidos, con la misión del Rey de encontrar una ruta al Maluco. Y ya el trato, como el aprovisionamiento por parte del Cabildo, que antepuso las necesidades de la armada a sus propias ordenanzas, como el suministro de madera de tea desde Aguere, debió de ser tan satisfactorio que la operación logística se repitió con la expedición de Magallanes y Elcano. Tanto, que algunas fuentes, como el Manuscrito de Leiden, se olvidan de mencionar la segunda escala de la expedición en Tenerife.

Y navegando por la derrota de las Canarias con buen tiempo, al cabo de siete días las tomaron y surgieron en Tenerife, en el puerto de Santa Cruz, donde estuvieron cinco días tomando refresco y alguna gente.

 Santa Cruz y Tenerife, suministraron a los expedicionarios aquel necesario «refresco». Además del crucial meridiano de referencia que llevarían las naos latiendo en sus ampolletas magistrales, fabricadas por los mejores artesanos vidrieros del Imperio y la arena más fina conocida. Como siglos después harían los cronómetros mecánicos y más tarde los relojes atómicos que sincronizan el actual Global Positioning System. Un meridiano de referencia, generalmente el que pasa por el pico del Teide, visible a muchas millas de distancia. Donde marinos y cartógrafos, navegando exactamente al sur o al norte de él, podían volcar sus ampolletas en el instante preciso en que el Sol alcanzara el mediodía, y llevar prestado en un pequeño guardatiempos de cristal lleno de arena ese origen de longitudes allá donde fueran, para situarse o para cartografiar el mundo.

 

Carta del golfo de México con Tenerife como origen de longitudes. Tomás López y Juan de la Cruz (1755).

Tenerife también suministró a la armada del Maluco la mejor agua que podía llevarse a bordo, que mezclada con malvasía o vino de jerez alargaba considerablemente la autonomía de las expediciones.

Y seguramente también información de interés, en particular el avistamiento de otros buques, como el de la armada portuguesa hacia la India. Vinculada al ciclo de los monzones en el océano Índico, que salía de Lisboa entre los meses de marzo y abril para llegar a Kerala, bien Calicut o Conchín, antes del fin de septiembre y de la llegada del monzón de invierno. Aquel año de 1519 las nueve naos de la armada portuguesa, capitaneadas por Jorge de Albuquerque, habrían cruzado las aguas canarias a mediados de mayo, antes incluso de la partida de las naos españolas de Sevilla, después de salir de Lisboa el 23 de abril.

Magallanes, en aquella primera travesía no tendría que enfrentarse a los monzones como los portugueses. Aunque sí tuvo que hacerlo, casi tres años después, Juan Sebastián de Elcano a bordo de la Victoria para completar la circunnavegación. Cuyo profundo conocimiento de aquellos vientos le ayudó a tomar la decisión correcta de navegar directamente desde la isla de Timor al cabo de Buena Esperanza. Así nos lo cuentan Martín de Ayamonte y Bartolomé Saldaña, dos tripulantes que se quedaron en tierra en aquella isla, cuyo testimonio ha aparecido recientemente en los archivos navales portugueses de la Torre del Tombo.

Debemos ser conscientes que, con Magallanes y Juan Sebastián de Elcano, en aquella armada de la especiería viajaban los mayores expertos de entonces, como navegantes y como astrónomos. El propio Magallanes había pasado ocho años en la India, participado en varias batallas y en la toma de Malaca, además de conocer de primera mano todas las vicisitudes del descubrimiento de las Molucas por su amigo Francisco Serrano. Esteban Gómez, piloto mayor de la expedición, quien solicitó capitanearla al Emperador antes que Magallanes, y que cartografiaría poco después toda la costa este norteamericana. Igual que Andrés de San Martín, uno de los más apreciados astrónomos del momento, por poner solo algunos ejemplos. Y no solo eso, debemos tener presente que aquellos barcos albergaban, además de la cartografía y el instrumental, la más importante biblioteca flotante del mundo, de la que algunos ejemplares habían sido escritos por los mismos tripulantes.

De cabo Verde a cabo Palmas. Detalle del planisferio de Cantino (1502).

Pero como decimos, Magallanes no tenía prisa por la llegada del monzón de invierno en el Índico. Más bien al contrario, tendría que esperar, sabía que no iba a poder librarse del invierno austral en el Atlántico Sur. Sin embargo, su ruta era muy parecida a la seguida por Jorge de Albuquerque. Desde Tenerife navegaría con el alisio hacia el sur hasta pasar las islas de Cabo Verde y el cabo del mismo nombre que está a la misma altura en la costa africana, junto a Dakar. Pasado ese punto Magallanes se acercaría a la costa que se orienta al sudeste hasta el cabo Palmas, al sur de Liberia, donde comienza el Golfo de Guinea.

El almirante español de origen portugués, igual que el almirante portugués que había pasado por aquellas aguas unos meses antes, sabía que en algún punto de ese tramo de la costa africana tendría que cruzar el ecuador meteorológico, con sus calmas y fuertes chubascos con aparato eléctrico. Tendría que hacerlo necesariamente, si quería encontrar el alisio franco del sudeste y la corriente sur ecuatorial favorable que le permitiera cruzar el Atlántico Sur. Exactamente igual que la flota portuguesa que le precedía, que también tendría que navegar muy cerca del Brasil antes de llegar al cabo de Buena Esperanza, después de cruzar dos veces el Atlántico. Y es que las rutas veleras no suelen ser rectas.

Tanto Magallanes, Capitán General de la armada de la especiería, como Albuquerque, Capitán Mayor de la armada de la India, sabían que para cruzar las calmas ecuatoriales lo mejor era dejarse llevar por la corriente de Guinea y acercarse a tierra para aprovechar las brisas costeras. Los terrales y virazones, algo parecido al régimen de los monzones que bien conocían, pero en miniatura, con ciclos no estacionales sino diurnos y nocturnos. Distintos cronistas mencionan la larga travesía cercana a esa parte de la costa africana y la visión de los montes de Sierra Leona antes de engolfarse en el Atlántico Sur.

De esta técnica de navegación aprovechando las brisas costeras, sobradamente conocida por los pescadores canarios en el banco africano, desde que se tiene memoria, para regresar a las islas con vientos y corrientes contrarios, Francisco de Albo aporta una buena prueba. En su diario anota meticulosamente las situaciones y rumbos de la nao Victoria desde que deja los alisios del sur, en un continuo zigzagueo hasta que toma los vientos favorables del hemisferio norte.

Derrota seguida por la nao Victoria para cruzar el ecuador meteorológico.

Pero es quizás la mencionada Breve et ristretta narratione, una de las principales fuentes primarias de la expedición, bien conocida por los especialistas, la que nos da la clave de la ruta seguida por la armada de Magallanes en unas pocas líneas:

Desde esta isla de Tenerife navegamos al mediodía unas 1680 millas hasta llegar a cuatro grados de latitud norte. Desde estos cuatro grados norte navegamos al sudoeste hasta recalar en el cabo de San Agustín, que está en ocho grados de latitud sur…

Esos cuatro grados de latitud norte son los que tiene el citado cabo Palmas en el extremo sur de Liberia. Donde empiezan los alisios del hemisferio sur y donde confluye la corriente de Guinea, hacia el sudeste, con la corriente sur ecuatorial, hacia el oeste. Digamos que era la entrada a la autopista que a rumbo sudoeste llevaría a la armada de la especiería hasta el cabo de San Agustín en el Brasil. Cosa que confirma Francisco de Albo al hacer la primera anotación en su diario el 29 de noviembre de 1519, en «el paraje» del cabo de San Agustín, viniendo la armada navegando a rumbo sudoeste.

De cabo Palmas a cabo San Agustín. Sobre detalle del Padrón Real de Diego Ribero.

Las naos prosiguen su marcha por la costa americana, toman refresco en la bahía de Sepetiba, exploran el río Uruguay y fondean en la Bahía de San Julián, donde invernan y tienen lugar los dramáticos acontecimientos en los que perdieron la vida varios tripulantes, algunos tan relevantes como Juan de Cartagena, veedor general de la armada. Para terminar el invierno fondeados en el río Santa Cruz al resguardo de los fuertes vientos australes.

A pesar de las calamidades, tormentas, calmas y motines, que habían sufrido los barcos y sus tripulaciones en aquel primer año de la circunnavegación. En algún lugar de la cámara del almirante o de los capitanes de las naos, en algún lugar seguro y protegido, entre derroteros, cartas e instrumentos, oscilaba imperturbable la ampolleta magistral en su estiba de cáñamo antiescora. Cuya finísima arena caía a velocidad constante hasta el último y diminuto grano, que lo hacía en el mismo preciso instante en que el Sol pasaba por el meridiano de Tenerife, a miles de millas de distancia, donde un año antes habían empezado a contar el tiempo. Bajo la atenta mirada del encargado de voltear la ampolleta sin demora, para conservar ese instante precioso con el que calcular la longitud desde nuestra querida isla, cuando el Sol pasara por el meridiano de las naos allá donde estuvieran.

Luis García Rebollo 

Septiembre 2020

 

 

 

 

EXTRAORDINARIO RELATO DE UNO DE LOS SUPERVIVIENTES DE LA PRIMERA CIRCUNNAVEGACIÓN

Confirma que la expedición de Magallanes-Elcano fondeó en Santa Cruz de Tenerife

 

Una de las fuentes documentales aportadas por el investigador y arquitecto Carlos Pallés Darias en el “I Congreso, Santa Cruz Puerta del Atlántico, HISTORIA Y PATRIMONIO”, hace referencia a un documento, que aunque es uno de los siete principales testimonios que se conservan y que se deben a los protagonistas de la primera circunnavegación (La Primera Vuelta al Mundo, Ediciones Polifemo), nunca había sido interpretado atendiendo a criterios científico náuticos, como hacemos ahora. Una circunstancia que ha podido contribuir a que su excepcional contenido se haya pasado por alto hasta la fecha.

Se trata de un relato enigmático de apenas una página de extensión, de enorme valor histórico y náutico, que resume en unas pocas líneas el viaje completo de circunnavegación culminado por Juan Sebastián de Elcano.

Su origen p0dría estar relacionado con Vasco Gómez Gallego, natural de Bayona (Pontevedra), llamado El Portugués, quizás por su relación con Duarte Barbosa con quien compartió viaje a bordo de la Trinidad.

Con el título Breve et ristretta narratione, se incluye en el primer volumen del compendio DELLE NAVIGATIONI ET VIAGGI, de Giovanni Battista Ramusio, editado por primera vez en 1550. En particular el ejemplar cuyo fragmento se acompaña pertenece a la cuarta edición, impresa en Venecia en 1588, perteneciente a la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. Procedente a su vez, en 1705, de la librería de la Compañía de Jesús de Alcalá.

Está escrito con el mismo estilo parco y sintético que utilizaban los pilotos en los cuadernos de bitácora. Y a pesar de su poca extensión contiene datos muy valiosos que coinciden e incluso complementan, a los del derrotero de Francisco de Albo y del diario de Pigafetta. Lo que por otra parte prueba su veracidad y originalidad.

Tal es el caso de la escala de la expedición en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, que nombra expresamente, siendo el único documento conocido hasta la fecha que lo hace. Igual que aporta información inédita sobre la ruta seguida por Magallanes para cruzar el Atlántico. Cosa que viene a confirmar el resultado de las investigaciones que situaba en Santa Cruz uno de los fondeaderos de la flotilla, junto con el tenedero de Montaña Roja. Unas investigaciones que abarcaron desde la batimetría de las costas de Tenerife, el régimen de vientos y corrientes de los meses de septiembre y octubre, las velocidades y derivas de las carenas de las naos del s. XVI, los aparejos y navegación de bolina, radios de borneo y catenarias de los cables de las anclas, derroteros e instrucciones para pilotos, o la documentación náutica e historiográfica de las expediciones previas al Maluco de Juan Díaz de Solís, entre otros. Que concluían claramente con que Magallanes y Elcano fondearon en nuestro puerto, y circunstancia por la que la capital de Tenerife pertenece, desde hace algún tiempo, a la RED MUNDIAL DE CIUDADES MAGALLÁNICAS.

 

UNA INTERPRETACIÓN NÁUTICA

 

 

 

«NARRACIÓN CORTA Y RESTRINGIDA»

«De un compañero portugués de Odoardo Barbosa que fue en la nao Victoria en el año 1519 y circunnavegó el mundo».

 

(Ningún tripulante de origen portugués sobrevivió al viaje en la nao Victoria. Sí lo hizo Vasco Gómez Gallego, apodado El Portugués, que coincidió con Duarte Barbosa en la nao Trinidad).

 «En el nombre de Dios y a buen salvamento. Partimos de Sevilla en el año 1519 el 10 de agosto con cinco naves para ir a descubrir las Islas Molucas, desde donde comenzamos a navegar, y desde Sanlúcar a las Islas Canarias, y navegamos al Sudoeste (Lebeccio) 960 millas, donde encontramos la isla de Tenerife, en la cual está el puerto de Santa Cruz (dato no aportado por Pigafeta, igual que en este relato no se menciona la escala en Monte Rosso), en 28 grados de latitud norte».

 (Las distancias en la mar se medían entonces en «leguas», de manera que un grado de arco de círculo máximo sobre el globo terráqueo equivalía a 20 leguas, y cada legua a 3 millas náuticas, que a su vez equivalían a un minuto de arco. Sin embargo, la legua terrestre llamada “vulgar”, sin ningún patrón de referencia, tenía 4 millas. Sea por este factor de conversión, por los errores en la longitud, o porque se contabilice todo el recorrido incluyendo todas las bordadas, las distancias anotadas tienen aparentemente grandes errores, no así las latitudes que son suficientemente exactas y coherentes con Albo y Pigafeta. Al igual que las fechas).

 «Desde esta isla de Tenerife navegamos durante días unas 1680 millas hasta llegar a cuatro grados de latitud norte». 

«Desde estos cuatro grados norte navegamos al Sudoeste hasta recalar en el Cabo de San Agustín, que está en ocho grados de latitud sur, después de recorrer mil doscientas millas». 

«Y del Cabo de San Agustín navegamos al Sudsudoeste 864 millas, hasta encontrarnos a veinte grados de latitud sur».

 

«Y desde los veinte grados de latitud sur, navegamos 1500 millas al Sudoeste donde encontramos el río que tiene 108 millas de la boca, que está en 35 grados latitud sur, y que bautizamos con el nombre de Río de San Christofano (se refiere al actual Río de la Plata, hasta donde llegó, y donde murió, Juan Díaz de Solís en la anterior expedición en busca del Maluco. Quién también hizo escala en Santa Cruz de Tenerife donde se aprovisionó de carne, agua, leña, e incluso tablones tea para proteger las carenas de la broma, que fueron suministrados desde La Laguna por su mejor transporte y menor coste, en lugar de Agache). Desde este río navegamos 1638 millas al Sudoeste una cuarta Oeste hasta la punta de Lobos Marinos, en 48 grados de latitud sur (en la actual Punta Buque, dato no aportado por Albo). De esta punta de Lobos Marinos navegamos al Sudoeste 350 millas, donde llegamos al puerto de San Julián. Pasamos 5 meses esperando que el sol regresara a nosotros, porque no lo hubo junio ni julio, si no 4 horas al día. Desde el puerto de San Julián, el cual está en 50 grados de latitud sur (Albo, a bordo de la Trinidad, lo sitúa en 49 grados 2/3 con mayor exactitud, lo que reforzaría la teoría de que su diario estuviera escrito por Elcano que iba en la Concepción), partimos de allí el 24 de agosto de 1520 y navegamos hacia el Oeste 100 millas (esta apreciación es consecuencia del error en latitud, en realidad navegaron al Sudsudoeste), donde encontramos un río, al que llamamos Río Santa Cruz, y nos quedamos hasta el 18 de octubre. Este río está en 50 grados de latitud sur (dato que no aporta Albo, y es exacto). Partimos del 18 de octubre y navegamos a lo largo de la costa 378 millas al Sudoeste cuarta Oeste, donde encontramos un estrecho al que damos el nombre de Victoria, por ser esta nao la primera que lo vio, algunos le llamaron el estrecho de Magallanes, porque nuestro capitán se llamaba Fernando de Magallanes. La boca de este estrecho está en 53 grados y medio de latitud sur (también difiere ligeramente de la calculada por Albo, que, con independencia de la dificultad de las observaciones astronómicas en altas latitudes, juega a favor de la teoría citada anteriormente). Y navegamos por este estrecho 400 millas hasta la otra boca, la cual está también en 53 grados y medio de latitud sur (dato que no aporta Albo y suficientemente exacto para los medios de la época en altas latitudes). Desembocamos este estrecho el 27 de noviembre de 1520 (tanto Albo como Pigafeta anotan este hecho el día 28)».

«Navegamos al Oeste Noroeste 9858 millas hasta encontrar la línea equinoccial (ecuador), en la derrota encontramos dos islas deshabitadas, separadas la una de la otra 800 millas, a la primera le damos el nombre de San Pedro y a la otra de los Tiburones. San Pedro (Albo la llama San Pablo y la sitúa en 16 grados ¼, y Gines de Mafra en 15 grados que coincide con la isla de Pukapuka) está en 18 grados de latitud sur, y los Tiburones en 14 grados sur (Albo la sitúa correctamente en 11 grados ¾ de latitud sur). Y a partir de la línea equinoccial navegamos 2046 millas al Oeste Noroeste. Donde encontramos varias islas entre diez y doce grados de latitud norte. En estas islas había mucha gente desnuda tanto hombres como mujeres, a las que les damos el nombre de islas de los Ladrones, porque nos robaron el bote (Pigafeta se refiere al bote de la Trinidad). No diré el camino que hicimos, porque lo extendimos mucho. Pero diré que de estas islas de los Ladrones para ir a las Molucas hay que navegar al Sudoeste mil millas, donde encontramos muchas islas a las que llamamos archipiélago de San Lázaro. Y un poco más adelante llegamos a las islas Molucas, que son cinco: Ternate, Tidore, Motil, Maqui y Bachiam. En Ternate los portugueses habían construido un castillo muy fuerte (construido en 1512 por Francisco Serrao, amigo de Magallanes, con el que planeaba comercializar las especies desde allí)».

(En este punto se separan las naos Trinidad y Victoria en la isla de Tidore).

«Desde las islas Molucas hasta las islas Banda hay trescientas millas, y se va con rumbos diversos porque hay muchas islas en medio, y tienes que navegar visualmente hasta el archipiélago Banda que está en cuatro grados y medio de latitud sur. Allí recogimos de treinta a cuarenta mil cántaros de nuez moscada, y ahora recogimos mucha masia (corteza olorosa de la nuez moscada)».  

(A partir de aquí, el relato deja de ser una crónica para ser una recomendación o un plan de navegación)*. 

«Si se quiere ir a Calcuta es necesario navegar siempre entre las islas hasta Malaca, la cual dista de las Molucas dos mil millas, y de Malaca a Calcuta otras dos mil millas. De Calcuta a Portugal hay catorce mil millas».    

«Si desde las islas Banda se quiere encontrar el cabo de Buena Esperanza, es necesario navegar al Oeste Sudoeste hasta alcanzar la latitud de treinta y cuatro grados y medio sur, y después navegar hacia el Oeste, siempre haciendo buena guardia para no encallar en el cabo de Buena Esperanza, o en sus proximidades».

«Desde el cabo de Buena Esperanza se navega al Oeste cuarta al Noroeste (Maestro) 2400 millas, hasta llegar a la isla de Santa Elena (en la que Elcano no hizo escala dejándola muy hacia Poniente), donde los portugueses van a tomar agua y leña, y otras cosas. Está en dieciséis grados de latitud sur, y está deshabitada, si no es por un hombre portugués, que no tiene más que una mano y un pie, sin nariz, ni orejas, que se llama Fernando López». 

(La situación de Santa Elena era un secreto celosamente guardado por los portugueses, mientras que Fernando López existió en realidad. Mutilado por orden del Gobernador de Goa, Alfonso de Albuquerque, acusado de traición. Vivió en la isla entre 1513 y 1530, lo que prueba nuevamente la fidelidad y veracidad de este relato). 

«De esta isla de Santa Elena navegando mil seiscientas millas al Noroeste se llega a la línea equinoccial. Desde la que se navega 3534 millas al Noroeste una cuarta al Norte (Tramontana) hasta alcanzar la latitud de treinta y nueve grados de latitud norte (sin embargo, Juan Sebastián de Elcano recorta su derrota arrumbando al Nornoreste, una vez pasada la latitud de Canarias). Y en estos treinta y nueve grados para ir a Lisboa navegará novecientas cincuenta millas al Este, donde encontrará las islas Azores, que son siete, a saber: la Tercera, San Georgio, el Pico, el Fayale, La Graciosa, de Levante, la Isla de San Miguel, y la isla de Santa María, todas entre los treinta y siete y los cuarenta grados de latitud norte. Desde la isla Tercera navegando hacia Levante mil cien millas hasta llegar a las tierras de Lisboa».

 

* ¿Qué pudo motivar ese brusco punto de inflexión en el curso del relato?

Analizando los hechos que pudieran haber ocurrido en Timor, después de embarcar las especias, hasta ahora conocíamos la deserción de Martin de Ayamonte y de Bartolomé de Saldaña, a los que se daba por muertos. Tras la aparición de un nuevo documento, ahora también sabemos que ambos fueron llevados a Malaca, donde Martín de Ayamonte prestó declaración, narrando el conjunto del viaje y la decisión de Juan Sebastián de Elcano de tomar la ruta directa hacia el Cabo de Buena Esperanza, conociendo el ciclo de los monzones.

 

Luis García Rebollo

 

FONDEO DE LAS NAOS DE MAGALLANES Y ELCANO EN SANTA CRUZ DE TENERIFE EL DÍA 26 DE SEPTIEMBRE DE 1519

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto de familia tras la constitución de la Comisión organizadora

Foto de familia tras la constitución de la Comisión organizadora

Santa Cruz emprende la celebración del V Centenario de la expedición de Magallanes

15.12.2018 10:06

Bermúdez reconoce que “es un gran orgullo para nuestra ciudad capitanear la conmemoración de un hito histórico de tanta relevancia como la primera vuelta al mundo que completó el ser humano»

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife emprende la celebración del V centenario de la expedición de Magallanes alrededor de la Tierra, que se celebra el año próximo, con la constitución formal de la comisión organizadora de los actos conmemorativos por esta efeméride histórica.

Desde el año 2013, Santa Cruz de Tenerife forma parte de la Red Mundial de Ciudades Magallánicas que promueve esta ruta como un valor patrimonial de carácter mundial ante la Unesco y; de hecho, el año pasado, en 2017, Santa Cruz asumió la vicepresidencia europea para impulsar este quinto centenario conjuntamente con las vicepresidencias africana (Praia – Cabo Verde), americana (Puerto San Julián – Argentina) y asiática (Catbalogan – Filipinas).

El alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, reconoció que “es un gran orgullo para nuestra ciudad capitanear la conmemoración de un hito histórico de tanta relevancia como la primera vuelta al mundo que completó el ser humano y en el que la isla de Tenerife y Santa Cruz tuvieron un protagonismo notable”.

Bermúdez destacó el carácter plural y compartido de una comisión organizadora que congrega a todas las administraciones públicas, así como a las principales entidades de carácter cultural, histórico, marinero e ilustrado de la Isla, “con un propósito común de prestigiar una efeméride de la que los isleños fuimos protagonistas y que ocupa un papel destacado en la historia de la Humanidad”.

Composición

En concreto, la sesión constituyente de la comisión, amén de la representación municipal, contó con la presencia institucional de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, el Cabildo Insular, la Consejería de Educación y Universidades del Gobierno de Canarias.

De igual modo, forman parte de este organismo promotor el Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias, la Comandancia Naval de Santa Cruz de Tenerife, la facultad de Humanidades de la Universidad de La Laguna, el Museo de la Naturaleza y el Hombre, el Real Club Náutico de Tenerife, la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación y la Tertulia Amigos del 25 de julio.

A esta relación también se suman José Manuel Ledesma Alonso, cronista oficial de Santa Cruz de Tenerife y personalidades de prestigio como Enrique García Melón, Emilio Abad Ripoll, Luis García Rebollo y Antonio Ceferino Bermejo Díaz.

Tal y como establece el decreto de constitución, la comisión organizadora –que contará con una Oficina de Apoyo- tiene como funciones proponer las actuaciones a desarrollar por el Ayuntamiento, en el marco del V Centenario de la expedición de la primera vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián de Elcano, así como establecer líneas de colaboración con otras instituciones públicas y privadas.

La presidencia corresponderá al alcalde mientras que la vicepresidencia primera y segunda, respectivamente, al tercer teniente de alcalde y concejal de Cultura, José Carlos Acha, y al cuarto teniente de alcalde y concejal de Servicios Públicos, Dámaso Arteaga.

Quinientos años atrás

La conmemoración rinde homenaje a una gesta histórica que está escrita con letras de oro en la Historia. Hace quinientos años, poco después del descubrimiento de América, del que los canarios también fueron protagonistas, la Corona española respaldó el proyecto del marino portugués Fernando de Magallanes de encontrar un paso navegable en el continente americano que permitiese alcanzar Asia y acceder a la ruta de las especies. Hay que tener presente que tras la firma del Tratado de Tordesillas (1494) entre los reinos de Portugal y España, ambas naciones de vocación ultramarina se repartieron las rutas que cruzaban el mundo.

De esta forma, Portugal se reservaba en exclusiva la ruta a través de África y el océano Índico y España la ruta hacia América. De ahí la importancia de descubrir un paso marítimo que permitiese a España alcanzar las Indias Orientales ante la prohibición de recalar en cualquier puerto de la ruta portuguesa que rodeaba África.

Gracias a la expedición capitaneada por Magallanes, que recaló en Tenerife para aprovisionarse de víveres y materias primas en la primera fase del viaje, se descubrió y habilitó el actual estrecho de Magallanes, un paso marítimo en el extremo sur de Chile, entre la Patagonia y Tierra de Fuego, que enlazó por mar y por primera vez los océanos Atlántico y Pacífico hasta la construcción, siglos después del canal de Panamá. Aquella gesta llevó a la expedición hasta las Islas Filipinas, que desde entonces y hasta 1898 fueron dominio español, lugar donde también falleció Magallanes pasando el mando a manos del marino guipuzcoano Juan Sebastián Elcano, que con enormes pesares y temporales, logró completar la circunnavegación del planeta al regresar a las costas de Cádiz con sólo 18 de los 239 hombres que habían partido de Sevilla tres años antes.

 

Los ponentes y representantes locales con la guía presentada en el Hotel Médano.

La estancia de Magallanes y Elcano en Granadilla y en Tenerife durante su primer viaje de vuelta al mundo es el tema central de una guía histórica que fue presentada este viernes, 18 de abril, en el Hotel Médano, y que contó con diferentes ponencias y una mesa redonda, a cargo del alcalde, Jaime González Cejas; el comandante naval de Tenerife, Luis Marcial García, y Sergio Afonso Díaz, autor de la publicación.

La guía recoge un resumen introductorio y documentos sobre los cuatro tripulantes tomados en la escala junto a Montaña Roja. En un primer apartado relata los antecedentes del viaje y en una segunda parte ofrece información inédita, sobre la estancia de la flota en Tenerife y en Granadilla de Abona.

Este hecho histórico fue descrito por el cronista oficial del viaje el italiano Antonio Pigafetta, uno de los dieciocho marinos que regresaron a España después de haber dado la vuelta al mundo por primera vez.

La iniciativa, organizada por la Concejalía de Cultura cuyo responsable es Óscar Delgado Melo, contó con una exposición al público presente de una resumen fotográfico de la visita oficial al barco de la Armada Española Juan Sebastián Elcano y del acuerdo plenario sobre la incorporación de Granadilla de Abona a la citada red,  además de un resumen fotográfico de la visita de representantes locales al III Encuentro Mundial de Ciudades Magallánicas celebrado en Sabrosa, en Portugal.

Entre algunos de los datos curiosos que refleja este estudio de Sergio Afonso, hay que citar imágenes del Diario del Pigafetta, principal crónica de a bordo y uno de sus mapas, correspondiente al ejemplar de la biblioteca de la Universidad de Yale; cartas de Juan Sebatián Elcano al emperador Carlos o los nombres y apellidos de los 4 tripulantes que embarcaron en Tenerife.

 Ciudad Magallánica

Granadilla de Abona entró a formar parte el pasado año de la Red Mundial de Ciudades Magallánicas junto con los veintitrés territorios que componen la ruta Magallanes-Elcano, durante la celebración del Tercer Encuentro de la Red Mundial de Ciudades Magallánicas celebrado en Portugal.

El alcalde señala que con la primera edición de los premios Magallanes-Elcano, entregados también el pasado año en la costa granadillera, se inicia la puesta en valor de este hecho universal.

En este sentido, agrega que la ruta de Fernando Magallanes y Elcano es un evento histórico que se suma a la proyección del municipio como referente, en este caso, de la gesta en la que Granadilla de Abona entró en la historia de la humanidad el 3 de octubre del año 1519, con la estadía de Magallanes y Elcano en la bahía de Montaña Roja.